Leyendo bajo fuego: Armando la mente y el corazón en tiempos de guerra
En la Primera y Segunda Guerras Mundiales millones de jóvenes fueron enviados a zonas de guerra donde vivían en condiciones horrendas y fueron testigos de una destrucción devastadora. Debido a estas circunstancias extremas, casi toda nación inmersa en el conflicto reconoció la necesidad de velar por el bienestar y la moral de sus soldados. Dado que los soldados de infantería debían llevar todas sus pertenencias a cuestas, los libros se convirtieron en la forma más popular de entretenimiento portátil. Durante los periodos de inacción o a la espera de órdenes lejos del frente, las tropas leían para olvidar su entorno y su miedo, leían para tomarse una vacación mental de sus penurias. Al terminar una lectura, intercambiaban estos libros para aprovechar siempre el material más novedoso. Como observaría un oficial del ejército durante la Segunda Guerra Mundial, «la mayor mejora en las técnicas del Ejército» fue saturar las zonas de guerra con libros.
La presente exposición incluye afiches impresos por los Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Alemania sobre la relevancia de los libros en ambas guerras. Toda nación dependía de donaciones de libros y recaudación de fondos para proveer a sus soldados con material de lectura, por lo que estos afiches buscaban incentivar a la sociedad civil donar lo que les fuese posible. Su contribución con obras tanto de ficción como recreacionales proveyó a las tropas con el tipo de escapismo que más ansiaban. Al término de cada guerra, mientras esperaban el regreso a casa, el interés de los soldados gravitaría en cambio hacia libros educacionales o vocacionales que les ayudaría a prepararse para posibles ascensos en el ejército, para puestos de trabajo o participar nuevamente en la vida civil.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en particular, los libros se convirtieron en un poderoso símbolo de libertad y democracia para los Estados Unidos y para los países Aliados. Muchos afiches de los Estados Unidos usaron símbolos patrióticos, como banderas o águilas, para señalar que la lectura y el intercambio de libros eran útiles para reafirmar valores democráticos. Algunos afiches también sirvieron para resaltar las diferencias entre las quemas y prohibiciones de libros de la Alemania nazi y los esfuerzos de los Estados Unidos para contrarrestar las acciones del enemigo a través de la lectura, con la distribución de millones de libros. Efectivamente, los EE. UU. distribuiría más libros a las tropas (más de 140 millones) durante la Segunda Guerra Mundial que la Alemania nazi lograría destruir (aproximadamente 100 millones).
Para manifestar el importante rol que jugaron los libros durante la guerra, un afiche de la Segunda Guerra Mundial lo resume de la mejor manera: «Nosotros leemos».
Poster House reutiliza en lo posible materiales de exposiciones anteriores para impulsar prácticas sostenibles.