Leyendo bajo fuego: Armando la mente y el corazón en tiempos de guerra

En la Primera y Segunda Guerras Mundiales millones de jóvenes fueron enviados a zonas de guerra donde vivían en condiciones horrendas y fueron testigos de una destrucción devastadora. Debido a estas circunstancias extremas, casi toda nación inmersa en el conflicto reconoció la necesidad de velar por el bienestar y la moral de sus soldados. Dado que los soldados de infantería debían llevar todas sus pertenencias a cuestas, los libros se convirtieron en la forma más popular de entretenimiento portátil. Durante los periodos de inacción o a la espera de órdenes lejos del frente, las tropas leían para olvidar su entorno y su miedo, leían para tomarse una vacación mental de sus penurias. Al terminar una lectura, intercambiaban estos libros para aprovechar siempre el material más novedoso. Como observaría un oficial del ejército durante la Segunda Guerra Mundial, «la mayor mejora en las técnicas del Ejército» fue saturar las zonas de guerra con libros.  

La presente exposición incluye afiches impresos por los Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Alemania sobre la relevancia de los libros en ambas guerras. Toda nación dependía de donaciones de libros y recaudación de fondos para proveer a sus soldados con material de lectura, por lo que estos afiches buscaban incentivar a la sociedad civil donar lo que les fuese posible. Su contribución con obras tanto de ficción como recreacionales proveyó a las tropas con el tipo de escapismo que más ansiaban. Al término de cada guerra, mientras esperaban el regreso a casa, el interés de los soldados gravitaría en cambio hacia libros educacionales o vocacionales que les ayudaría a prepararse para posibles ascensos en el ejército, para puestos de trabajo o participar nuevamente en la vida civil.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en particular, los libros se convirtieron en un poderoso símbolo de libertad y democracia para los Estados Unidos y para los países Aliados. Muchos afiches de los Estados Unidos usaron símbolos patrióticos, como banderas o águilas, para señalar que la lectura y el intercambio de libros eran útiles para reafirmar valores democráticos. Algunos afiches también sirvieron para resaltar las diferencias entre las quemas y prohibiciones de libros de la Alemania nazi y los esfuerzos de los Estados Unidos para contrarrestar las acciones del enemigo a través de la lectura, con la distribución de millones de libros. Efectivamente, los EE. UU. distribuiría más libros a las tropas (más de 140 millones) durante la Segunda Guerra Mundial que la Alemania nazi lograría destruir (aproximadamente 100 millones).

Para manifestar el importante rol que jugaron los libros durante la guerra, un afiche de la Segunda Guerra Mundial lo resume de la mejor manera: «Nosotros leemos».

Poster House reutiliza en lo posible materiales de exposiciones anteriores para impulsar prácticas sostenibles.

La Primer Guerra Mundial

En la Primera Guerra Mundial, los soldados de todas las naciones recurrieron a los libros como una de las formas más populares de entretenimiento; un abanico de organizaciones ayudó a los Gobiernos a poner en manos de las tropas las historias que tanto ansiaban.

La YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) jugaría un papel muy importante, al proveer a los soldados con materiales —libros, instrumentos musicales, papel para escribir y chocolate caliente— con la intención de levantarles la moral. A partir de 1914, la YMCA británica organizaría recolectas de libros, recaudaría dinero y lanzaría campañas educativas para informar a la población civil sobre la incesante necesidad de libros y revistas en el frente. Se construyeron puestos de abastecimiento de la YMCA británica por toda Francia y Flandes, donde la mayor parte de los combates se estaban librando y donde las tropas tenían mayor necesidad de sosiego.

Cuando los Estados Unidos se sumó a la guerra en abril de 1917, el Ejército tuvo poco tiempo para movilizarse y prepararse para el combate, por lo que recurriría a organizaciones de apoyo civil para el suministro de material recreativo para las tropas. La Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) lideraría el acopio de libros al organizar campañas de donación de libros y recaudación de fondos para que los soldados tuvieran acceso a los libros y revistas más leídos. Gracias a una colaboración entre la ALA y la YMCA de los EE. UU., millones de libros fueron distribuidos en las agencias de la YMCA al servicio de las tropas norteamericanas, mientras que la Cruz Roja se encargaba de hacer llegar libros a los soldados hospitalizados. Tras el Día del Armisticio, muchos soldados gravitaron hacia libros que los ayudaría a  prepararse para la vida civil, para su futuro laboral o para ascender de rango en el ejército. Ya sea como una forma de entretenimiento o por su contenido informativo, los libros acompañarían a las tropas durante todo el periodo de la guerra.  

Los Aliados no fueron los únicos en realizar estos esfuerzos. Como miembro de las Potencias Centrales (conformadas además por Austria-Hungría, el Imperio otomano y Bulgaria) durante la Primera Guerra Mundial, el Ejército de Alemania también comprendió la importancia de proporcionar libros a las tropas para evitar que se aburrieran durante los largos periodos de inactividad. Se llevaron a cabo recolectas de libros en todo el país y se pidió a la población civil donar libros sobre diversos temas para que cada soldado pudiera encontrar un relato cautivador que leer. 

En todos los frentes de batalla y Ejércitos, muchos soldados adquirieron el hábito de recurrir a un libro durante los momentos de inacción en el frente para aliviar el estrés y escapar mentalmente del combate.

Afiche de un soldado cargando una alta pila de libros en sus brazos sobre un fondo negro.

Books Wanted, 1918

Charles Buckles Falls (1874–1960)

Colección privada, N.Y.C.

  • En 1918, Charles Buckles Falls fue contratado por la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) para pintar un mural de 4,57 metros con este diseño en un lienzo gigante para la puerta de entrada de la Biblioteca Pública de Nueva York, situada en la calle 42 de Manhattan. La imagen tuvo tan buena acogida que la ALA utilizaría esta imagen en múltiples afiches, tanto durante los meses restantes de la guerra como en el período inmediatamente posterior a ella.
  • Para educar a la población sobre la recolecta de libros de la ALA, se imprimieron y distribuyeron miles de afiches como estos por todo el país.
  • Falls era miembro de la Sociedad de Ilustradores que colaboraba con la producción de propaganda, incluyendo afiches para la guerra, con el Comité de Información Pública (CPI, por sus siglas en inglés), también conocido como el Comité Creel. Falls diseñaría varios afiches para el CPI, pero esta composición acabaría siendo la más famosa.
  • Aunque la versión original de este afiche aconsejaba «llevar sus donaciones a la biblioteca pública», algunos bibliotecas modificaron el texto para especificar que las que estaban recolectando libros eran las bibliotecas estatales (al servicio del personal municipal en lugar del público en general) y las bibliotecas universitarias. El texto de esta copia de Books Wanted fue modificado de biblioteca «pública» a biblioteca «estatal» y el afiche incluye una nota manuscrita en el margen inferior indicando la ubicación del punto de donación. La Biblioteca Lincoln también añadiría un panel por separado a esta versión para enumerar los géneros de libros más solicitados por las tropas como los de «buena ficción de [hombres de] sangre caliente», «libros para chicos varoniles», biografías «de grandes hombres» y los poemas de Longfellow.

Afiche de un hombre en uniforme militar cargando una gran pila de libros, junto a párrafos de texto.

American Expeditionary Forces, 1920

Charles Buckles Falls (1874–1960)

Colección privada, N.Y.C.

  • Impresa dos años después del afiche original, esta imagen anuncia la apertura de una biblioteca en París para los soldados estadounidenses. Distribuida principalmente en instalaciones militares de entrenamiento y bases de operaciones en el extranjero, su objetivo era informar a las tropas y al personal civil sobre el libre acceso a los libros. 
  • La Biblioteca Americana de París abriría sus puertas en 1920 para dar atención tanto al personal militar como al personal voluntario estadounidense que brindaba ayuda humanitaria y de otro tipo a las zonas devastadas por la guerra en Europa. La ALA mantuvo una sede en París durante el conflicto armado para atender los pedidos de las tropas que servían en la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (miembros del Ejército de los EE. UU. en Europa) —los soldados solicitaban libros a la ALA por correo y ésta les enviaba por correo los títulos solicitados. Con el fin de las hostilidades, muchas personas al servicio de la guerra continuaron radicadas en París, por lo que se determinó que una biblioteca podría satisfacer sus necesidades.

Afiche con la ilustración de hombres uniformados sentados juntos en una trinchera, leyendo.

Help the Soldiers and Sailors Library Fund this Week, 1918

Diseño: Desconocido

Colección Permanente de Poster House

  • Dado que no todos los libros donados eran adecuados para las tropas, las bibliotecas también recaudaban fondos para que la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos pudiera comprar libros nuevos. Este afiche fue utilizado en 1918 para promocionar la campaña de una semana de duración en la que se animaba a la sociedad civil hacer donaciones para el Library Fund o un fondo para las bibliotecas.
  • Bibliotecarias y bibliotecarios de todo el país encabezarían los esfuerzos de recaudar dinero mediante ya sea campañas puerta a puerta o solicitudes de dinero durante las funciones de teatro. La campaña alcanzaría su objetivo de un millón de dólares recaudados de la población. 
  • Los libros eran objetos muy apreciados por los soldados, quienes a menudo carecían de entretenimiento tras largas jornadas de entrenamiento y ansiaban formas de pasar el tiempo. Las tropas en el extranjero clamaban por libros que les permitieran llenar las horas de ocio antes de entrar en acción o al finalizar el servicio activo. Era posible que pasaran días o semanas esperando para incorporarse al frente; los libros les proporcionaban un escape mental de la inevitable pesadumbre y ansiedad por las batallas próximas.
  • Éste fue uno de los últimos afiches estadounidenses impresos durante la Primera Guerra Mundial para impulsar una campaña de donaciones en beneficio de una única organización. Numerosas organizaciones habían lanzado, cada una por su cuenta, recaudaciones de fondos para solicitar una y otra vez donaciones de la población a lo largo de más de un año. Por temor a que estas interminables peticiones terminaran agotando la generosidad de la sociedad civil, el Gobierno de los EE. UU. animó a las siete organizaciones de voluntariado más destacadas a lanzar una campaña conjunta de recaudación de fondos bajo el nombre United War Work Campaign (Campaña unida al servicio de la guerra), entre el 11 y el 18 de noviembre.

Afiche de hombres ilustrados en uniforme dispersos por diferentes lugares de un sótano que está lleno de libros.

A YMCA Cellar in Flanders, 1915

Edgar Wright (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • Este es uno de los varios diseños de Edgar Wright creados para la YMCA británica, todos ellos destacando las diferentes formas en que la organización prestaba servicio a las tropas en el campo de batalla. Este afiche muestra una de las típicas «cabañas» o «sótanos» que la YMCA construiría entre 1914 y 1918 para los combatientes en Flandes, Bélgica, que servían como áreas de descanso, repletas de detalles hogareños. Estos lugares ofrecían a los soldados una variedad de actividades y comodidades, incluyendo materiales educativos, juegos, comida, entretenimiento, libros religiosos y servicios, así como materiales para escribir cartas.
  • Esta composición muestra a un soldado entrando en un sótano que se halla protegido con sacos de arena y a otros soldados con bebidas calientes o un bocadillo, buscando libros en una estantería bien surtida, leyendo el periódico, fumando y charlando.
  • Afiches como éste fueron utilizados para mostrar a la población civil el buen trabajo que la YMCA estaba realizando en el frente, recordándoles a la vez que toda donación les permitía reponer los suministros y construir y equipar nuevas cabañas a medida que los Aliados ganaban o perdían terreno. 
  • Las «cabañas» de la YMCA en toda Europa eran de diversa índole, algunas apenas tiendas de campaña, otras fueron construidas con la madera disponible en el lugar y muchas estaban ubicadas en edificios bombardeados y abandonados que apenas cumplían con los requisitos básicos: ser estructuralmente sólidos y tener techo. Debido a la impredecibilidad del despliegue de las tropas en el frente, la YMCA utilizaba instalaciones improvisadas en las zonas de combate, como la que se observa aquí, y encargaba la construcción de estructuras más permanentes en sitios alejados de los enfrentamientos.

Afiche de un mapa de los Estados Unidos con lugares destacados de color verde sobre un fondo blanco y texto en la parte superior e inferior.

Library War Service, 1918

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • En 1917, la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) fundó el Library War Service, un programa unificado de bibliotecas al servicio de las tropas estadounidenses. La función de esta nueva iniciativa fue habilitar bibliotecas en cuarteles de todo el país, así como recaudar dinero para la compra de libros y recolectar libros donados de la sociedad civil para distribuirlos entre los soldados, tanto en los Estados Unidos como en Francia (donde se hallaba estacionado gran parte del Ejército estadounidense en el extranjero).
  • Este afiche muestra los logros de apenas un año de actividad e invita a la población a continuar donando a la United War Work Campaign (Campaña unida al servicio de la guerra) para hacer llegar más material de lectura a los soldados. Además del detallado mapa, las cifras en la parte inferior resaltan los millones de libros y revistas que fueron distribuidos a «nuestros hombres en combate».
  • De los millones de libros enviados al extranjero, muchos fueron almacenados en la oficina central de ALA en París, la cual en 1920 sería transformada en la Biblioteca Americana de París. En su edificio ubicado en el número 10 de la avenida de los Campos Elíseos, se estableció un servicio de «envío directo por correo» de libros para que las tropas estadounidenses pudieran solicitar por escrito títulos específicos. A cada soldado se le enviaba hasta dos libros por correo a la vez y, cuando terminaba de leerlos, podían devolverlos sin pagar los costos de envío y solicitar libros adicionales.

Afiche con el dibujo de tres hombres leyendo y escribiendo en una pizarra con soldados al fondo.

The U.S. Army Wants Real Men, c. 1918

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • Este es el tercero de una serie de afiches de reclutamiento que el Ejército de los Estados Unidos generó para incentivar a los hombres a alistarse voluntariamente. Destaca las oportunidades educativas que el Ejército ofrece a los combatientes, como tomar cursos y «ganar [un salario] mientras aprenden».
  • En los campamentos militares de los Estados Unidos se ofrecían diversas oportunidades educativas para el personal militar, desde cursos de inglés y francés para comprender las órdenes por escrito y verbales en el extranjero, hasta clases vocacionales intensivas para recibir capacitación en especializaciones que habrían requerido conocimientos y habilidades técnicas. Estas oportunidades eran tan sólidas que al Ejército se le conocía coloquialmente como la «University in Khaki» (universidad en caqui), haciendo referencia al color de sus uniformes. 
  • Tras el armisticio, el Ejército estadounidense se enfrentaría a una crisis cuando los casi 1,8 millones de soldados estaban esperando en Europa para regresar a los Estados Unidos. El general John J. Pershing, comandante de las Fuerza Expedicionaria Estadounidense en Europa, autorizó a la YMCA encabezar un programa educativo a gran escala para que los soldados pudieran adquirir habilidades y conocimientos que les permitiera conseguir un empleo ya de regreso a casa. Los cursos solían ser impartidos por personal de la YMCA o miembros del ejército con título universitario o superior en una materia determinada.
  • El programa de educación de la YMCA era tan popular que finalmente fue absorbido por el Ejército estadounidense bajo el Cuerpo Educativo del Ejército. Supuso una inversión a largo plazo para proporcionar oportunidades educativas a los hombres al servicio de las fuerzas armadas.

Afiche con una escena al aire libre en época de invierno en la que aparecen hombres uniformados caminando por la nieve hacia una casa iluminada con la puerta abierta.

His Home Over There, 1918

Albert Herter (1871–1950)

Colección privada, N.Y.C.

  • La United War Work Campaign (Campaña unida al servicio de la guerra) fue una iniciativa conjunta de siete organizaciones voluntarias que aunaron sus esfuerzos para proporcionar artículos de recreación y bienestar para las tropas estadounidenses. Aunque el armisticio fue anunciado el 11 de noviembre (día en que se lanzó esta campaña) y las batallas habían cesado oficialmente, muchas unidades de combate estadounidenses permanecieron meses esperando en el extranjero para ser transportados de regreso a casa y para la firma del Tratado de Versalles en junio de 1919. En lo que los soldados esperaban con impaciencia su regreso a los Estados Unidos, hubo una demanda muy grande de libros y de otras distracciones.
  • Los grupos que participaron en la United War Work Campaign fueron la YMCA estadounidense y la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (YWCA), la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos, el Ejército de Salvación, la Jewish Welfare Board (Junta Judía de Bienestar Social), los Caballeros de Colón y el War Camp Community Service (Servicio Comunitario del Campo de Guerra).
  • En 1918, la United War Work Campaign se propuso recaudar al menos $170 500 000 (aproximadamente 36 mil millones de dólares actuales) para el acopio de material recreativo para las tropas. Durante la semana de la campaña, del 11 al 18 de noviembre, la población estadounidense superó este objetivo al donar 200 millones de dólares (aproximadamente 4 mil millones de dólares actuales), de los cuales la YMCA recibiría casi el 59 % para realizar sus labores. 
  • La YMCA estadounidense era la organización más grande de los EE. UU. dedicada a proporcionar material para levantar la moral de las tropas. Para generar altruismo a favor de la United War Work Campaign, este afiche nos transmite la sensación de soldados caminando con dificultad por la nieve, en la oscuridad, hasta encontrar las ventanas iluminadas y puertas abiertas de par en par de una cálida y acogedora cabaña de la YMCA. Debido a que solían estar equipadas con comodidades propias del entorno doméstico, incluyendo muchos libros, este afiche se refiere a este tipo de cabaña como un «hogar». Más de 2000 cabañas de la YMCA fueron construidas para las tropas durante la Primera Guerra Mundial, pero para continuar construyéndolas y surtiéndolas con materiales recreativos, alimentos y bebidas se necesitaba donativos.

Afiche de un soldado trepando por una hilera de libros y la silueta de una ciudad al fondo.

Knowledge Wins, 1918

Dan Smith (1865–1934)

Colección privada, N.Y.C.

  • Tras haber suministrado millones de libros para las tropas durante la Primera Guerra Mundial, la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) previó que la nueva afición de los soldados por la palabra escrita continuaría una vez que regresaran a casa. Este afiche muestra a un soldado abandonando su arma y equipamiento militar para ascender una escalera de libros educativos que lo llevarán a una ciudad resplandeciente de pujantes fábricas. El mensaje visual pone de esta manera énfasis en que el conocimiento (a través de los libros) forjará el camino hacia nuevas oportunidades después de la guerra.
  • Este afiche recuerda a los veteranos de guerra que así como los soldados activos podían recibir libros gratuitos por correo de la ALA, o acceder a ellos en las cabañas de la YMCA y en las bibliotecas militares, las bibliotecas públicas también ofrecían el privilegio de tomar prestados libros sin costo alguno. 
  • Aunque durante la guerra la mayoría de soldados leían ficción y otros libros amenos, en este afiche se puede observar el lomo de varios libros relacionados con profesiones, como un puente que los reintegra a la sociedad. Esto refleja un cambio de hábitos de lectura tras el armisticio, cuando los hombres estaban menos interesados en distracciones y más en información y habilidades que les ayudasen a encontrar empleo en el ámbito civil.
  • Se estima que aproximadamente el 25 % de las tropas estadounidenses eran funcionalmente analfabetas o no hablaban ni escribían inglés, por no ser su lengua materna. Retomar los estudios (de formación profesional u otro tipo) no era una opción fácil para la mayoría de veteranos debido a barreras económicas y obligaciones familiares. Este afiche sugiere que los libros y las bibliotecas ofrecían otra vía hacia la educación y el éxito a futuro.

Afiche con ilustraciones de hombres uniformados sosteniendo banderas blancas y rojas en diversas posiciones.

They Signal “Send Books,” 1917

Homer (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • Para animar a la población estadounidense donar libros a las tropas, este afiche muestra a miembros del ejército transmitiendo el mensaje «Envíen Libros» mediante semáforo, un sistema de señales visuales en el que una bandera en cada mano indica una letra del alfabeto según la posición de los brazos y de las banderas. 
  • Este afiche pide específicamente que se done «buenos libros» ya que, respondiendo al llamado de donaciones, ciertas personas simplemente limpiaron sus estantes de aquellos libros que ya no querían leer o que no eran de su agrado. Para evitar recibir libros no adecuados y con poca demanda, se utilizaron frases como «done el libro que más aprecia», «done su autor favorito» y «done el libro que está en buen estado, pero que usted y su familia ya no necesitan».
  • Un día después de que los Estados Unidos entrara al conflicto, el 6 de abril de 1917, el compositor George M. Cohan escribió la canción «Over There» (Allá, en aquel lugar). La letra patriótica de su canción tenía como objetivo animar a los hombres a enlistarse, convirtiéndose rápidamente en un éxito rotundo (su popularidad se extendió incluso a la Segunda Guerra Mundial). Aquí, el afiche reconoce la popularidad de la canción al referirse a Europa como «Allá, en aquel lugar».
  • A finales de 1919, el programa de bibliotecas al servicio de la guerra contaba con aproximadamente 7 millones de libros en circulación entre las filas del Ejército de los Estados Unidos, siendo éste el punto álgido del programa. Sin embargo, debido a que la guerra había concluido, se suspendieron los esfuerzos para obtener donaciones de libros o de dinero para comprar libros bajo este programa.

Afiche en el que aparece un soldado de pie sosteniendo un libro, mientras otro está sentado leyendo.

Hey Fellows!, 1918

John E. Sheridan (1877–1948)

Colección privada, N.Y.C.

  • Así como la YMCA imprimió afiches para destacar su contribución al bienestar de los soldados, la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA, por sus siglas en inglés) también imprimiría imágenes impactantes, como esta vibrante composición, sobre el efecto positivo que los libros tenían en la vida de los soldados.
  • Aunque la ALA organizaría numerosas recolectas de libros durante la Primera Guerra Mundial, estas donaciones solían incluir libros anticuados y poco interesantes para los jóvenes, o en mal estado. Por eso este afiche pone énfasis en donaciones en efectivo para comprar libros más atractivos para los miembros del Ejército. Durante la guerra, los soldados solían preferir obras de ficción, historias de aventuras, misterios y libros sobre las regiones en las que estaban estacionados.
  • Aunque este afiche fue publicado el mismo año de la firma del armisticio (el acuerdo entre los Aliados y Alemania en noviembre de 1918 para detener los combates durante las negociaciones del tratado de paz), la ALA observaría una mayor necesidad de libros tras el cese de hostilidades. El Ejército de los EE. UU. tardaría meses en garantizar el traslado de millones de soldados estacionados en Francia, lo que generó un prolongado periodo de inactividad y aburrimiento entre las tropas. Los libros proporcionaron el entretenimiento y educación necesarios para que los hombres pasaran el tiempo.

Afiche de un soldado leyendo un libro con texto en alemán en la parte superior e inferior.

Gute Bücher–Gute Kameraden, 1916

Oswald Weise (1880–?)

Colección privada, N.Y.C.

  • Las tropas estadounidenses no fueron las únicas en recurrir a los libros como una forma de entretenimiento durante la Primera Guerra Mundial. Este afiche alemán muestra a un joven soldado de infantería que ha colgado su casco y arma para relajarse leyendo un libro. La traducción del texto dice lo siguiente: «Buenos Libros—Buenos Camaradas. Sin importar cuánto y lo que usted dé, ¡un buen libro siempre debe ser parte de ello!». 
  • Aunque quienes escriben sobre historia militar suelen destacar las innovaciones tecnológicas de Alemania en el ámbito bélico —las ametralladoras, el gas venenoso y los bombardeos aéreos—, el Ejército alemán también prestó especial atención en mantener la moral alta de sus soldados y su disposición a luchar, al cuidar de su bienestar. Esto incluía la distribución de libros.  
  • Este afiche fue difundido por toda Alemania para publicitar la amplia distribución de libros entre las tropas y demostrar el compromiso general del Gobierno alemán con el bienestar de los soldados. También sirvió para recordar a la población de donar libros para este fin. Para dar mayor difusión a estos mensajes, la imagen también fue utilizada en un sello postal decorativo coleccionable, cuya venta fue destinada a la compra de libros.
  • Este es uno de los dos diseños de Oswald Weise durante la Primera Guerra Mundial dedicado a los libros; el otro destaca la alegría y consuelo que la literatura podía ofrecer a un soldado herido.

Afiche de un hombre uniformado sentado leyendo un libro sobre un rectángulo verde.

The Camp Library is Yours, 1917

Charles Buckles Falls (1874–1960)

Colección privada, N.Y.C.

Afiche de un hombre uniformado sentado leyendo un libro sobre un rectángulo verde.

Yanks in Germany Want More Books, 1918

Charles Buckles Falls (1874–1960)

Colección privada, N.Y.C.

  • Para dar a conocer al público que los soldados querían leer libros durante los momentos de inacción o en sus horas fuera de servicio (y que, por lo tanto, era importante donar a las campañas que suministraban literatura), la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos colaboró con Charles Buckles Falls para diseñar una imagen que representara a un soldado leyendo. La portada del libro de un vibrante color naranja atrae inmediatamente nuestra mirada, seguido de una pila de libros a su lado.
  • Impreso para ser difundido en los Estados Unidos, este afiche no solo sugiere la popularidad de los libros entre los efectivos militares, sino que también ofrece información sobre la biblioteca en su campamento militar, con libros y revistas de acceso gratuito.
  • Para los soldados que deseaban ascender de rango, las bibliotecas militares contenían libros académicos y materiales de preparación que les deban la opción de estudiar para obtener aquel ascenso. También podían encontrar allí libros para prepararse para «empleos locales en casa», una vez que regresaran a la vida civil. 
  • Las dos versiones de este afiche transmiten mensajes ligeramente diferentes, cada uno reflejando los espacios donde las tropas podían acceder a los libros recolectados. En 1917, la mayoría de los soldados estaban acuartelados en instalaciones de entrenamiento militar en los Estados Unidos, por ello, la versión de ese año destaca «la biblioteca del campamento». En 1918, cientos de miles de unidades de combate se embarcaron hacia el extranjero y el afiche fue publicado una vez más para resaltar la necesidad de más libros para «los yanquis en Alemania».

Afiche de una mujer blanca con un elegante uniforme sosteniendo una pila de libros delante de un logotipo de la YMCA.

One of the Thousand Y.M.C.A. Girls in France, 1918

Neysa McMein (1888–1949)

Colección privada, N.Y.C.

  • La YMCA de los Estados Unidos acogió a más de 3000 mujeres como «trabajadoras sociales» para administrar los comedores y cabañas al servicio de los soldados durante la Primera Guerra Mundial. Un tercio de ellas viajaron a Francia donde la mayoría de las tropas estadounidenses se hallaban estacionadas. Estas voluntarias realizaron una labor esencial durante la guerra; «indispensables» es la palabra que usó la YMCA estadounidense para describir sus contribuciones.
  • Neysa McMein fue una ilustradora de fama cuyo trabajo apareció en las portadas de revistas como Saturday Evening Post y McCall’s. Durante la Primera Guerra Mundial diseñaría varios afiches para los Gobiernos de Estados Unidos y Francia e incluso realizó una gira por Francia como «animadora» de la YMCA, utilizando sus dotes como actriz y oradora. Para este rol, la YMCA entregó a McMein uno de sus uniformes y una insignia, lo que le permitió desplazarse fácilmente de cabaña en cabaña dando charlas y realizando actuaciones.
  • Este afiche, que insta a realizar donaciones a la United War Work Campaign (Campaña unida al servicio de la guerra), destaca la seriedad de la labor realizada por las voluntarias de la YMCA de los EE. UU. Enfoca nuestra mirada en una mujer vestida con el uniforme oficial de la YMCA, mientras presta los servicios tradicionales de las mujeres en los comedores de la YMCA, ofreciendo bebidas calientes y libros a los militares.
  • La YMCA estadounidense no distribuía libros fuera de sus cabañas, sin embargo, los libros y revistas formaban parte de los artículos que la YMCA enviaba habitualmente de los Estados Unidos a Francia para suplir sus cabañas en el extranjero. Otros artículos destinados a levantar la moral, como parte de estos envíos, incluían papel de carta y sobres, discos y gramófonos e instrumentos musicales. 

La Segunda Guerra Mundial

Después de que el régimen nazi quemara públicamente cientos de miles de libros por toda Alemania en 1933 y empezara a prohibir libros que suponía eran una amenaza para su poderío, los libros se convirtieron en un importante símbolo internacional de libertad. Esta destrucción fue parte de una campana de censura coordinada que buscaba eliminar todas las contribuciones culturales judías por considerarlas «anti-alemanas» —del mundo del arte, la literatura, la educación y el entretenimiento— estableciendo así la idea de que solo las personas de «raza aria» eran capaces de producir trabajo significativo en estas áreas. Cualquier libro con ideas que cuestionaban esta ideología eran prohibidos y/o quemados. Cuando la Segunda Guerra Mundial se expandió por Europa, cada nación bajo la ocupación alemana tuvo que enfrentarse a similares prohibiciones de libros y la destrucción de bibliotecas y materiales de lectura considerados subversivos a los ideales nazi. Al final de la guerra, se estima que unos cien millones de libros fueron destruidos.

Frente a la amenaza contra la libre circulación de ideas, los Estados Unidos decidió hacer énfasis en la importancia de preservar la palabra escrita e incentivar a toda la población estadounidense a leer. Los afiches que retrataron el horror de la quema de libros en 1933 y que a la vez animaron a la población norteamericana a comprar bonos de guerra, lograron reafirmar las muchas maneras en que la lectura, compartir y donar libros, ayudaban a fortalecer y defender la democracia. 

Para contrarrestar la censura y propaganda nazi a la que estuvieron expuestos los soldados que liberaban Europa, los Estados Unidos y sus Aliados expandieron con mayor ahínco el libre acceso a los libros entre las tropas durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Ya sea para entretenerse o para mantenerse informados, la lectura se convirtió en un acto de resistencia capaz de fortalecer los valores democráticos y la libertad individual. Naciones como Canadá, Gran Bretaña y los Estados Unidos lanzaron campañas para la recaudación de fondos, haciendo un llamado a la población civil de donar sus materiales de lectura favoritos. Entre estas naciones, los Estados Unidos lanzaría el esfuerzo más exhaustivo con su Victory Book Campaign (Campaña de libros para la victoria), la cual fomentó la donación de más de 18 millones de libros entre 1942 y 1943. La campaña fue interrumpida apenas a finales de 1943 cuando las editoriales estadounidenses lanzaron ediciones especiales para las fuerzas armadas bajo el sello Armed Services Editions: libros de bolsillo de las listas de los más leídos producidos específicamente para ser distribuidos a las fuerzas del ejército. Más de 122 millones de estos libros fueron distribuidos. En lo que las áreas ocupadas por las tropas nazis eran liberadas por el Ejército de los EE. UU., no se trataba solamente de una invasión armada sino una con las obras e ideas que, por años, habían sido prohibidas por el régimen nazi. Leer y compartir un libro significaba propagar la libertad.

Afiche de un brazo con una suástica en la manga, sosteniendo un puñal en la mano con el que perfora una Biblia.

This is the Enemy, 1943

Barbara Marks (fechas desconocidas)

Donada en honor a Gail Chisholm, Colección Permanente de Poster House

  • El Gobierno de los Estados Unidos encargó la producción de una serie de afiches propagandísticos para realzar las razones por las que la nación estaba en guerra y cómo los valores «americanos» se hallaban en juego. Este diseño particularmente dramático muestra una suástica en la manga del brazo de un soldado apuñalando una biblia, haciendo vívida alusión de los ataques nazis al cristianismo —una imagen por lo demás impactante para muchas de las devotas personas cristianas que probablemente la vieron en los EE. UU.
  • Artists for Victory era la organización sin fines de lucro que estuvo a cargo de la producción de este afiche, de una serie sobre temas basados en el primer discurso del presidente Franklin D. Roosevelt ante el Congreso el 6 de enero de 1942, y que hace alusión a la «naturaleza del enemigo». El lema aparecería en un sinnúmero de afiches de aquel periodo, cada uno representando a un «enemigo» específico a quien temer visceralmente. Los otros temas que inspirarían campañas de afiches adicionales incluyeron la producción, los bonos de guerra y «careless talk» (que aproximadamente significa «por la boca muere el pez»).
  • La impresión y distribución de este diseño estuvo a cargo de la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos (OWI, por sus siglas en inglés), creada por el presidente Roosevelt para diseminar información sobre la guerra a nivel nacional a través de la radio, los periódicos, cortometrajes y afiches. En poco tiempo la OWI atrajo críticas por actuar al parecer como una agencia de propaganda que creaba material para «vender» la guerra, aparentemente, en vez de ser una fuente objetiva de datos y cifras.

Afiche de un soldado sentado leyendo junto a un árbol en la selva.

The Enduring Word, 1945

Jones (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • Organizaciones religiosas como la Sociedad Bíblica Estadounidense, la YMCA y la Jewish Welfare Board (Junta Judía de Bienestar Social) distribuyeron biblias miniatura y volúmenes de las Sagradas Escrituras para las tropas durante la Segunda Guerra Mundial.
  • Mientras que organizaciones como éstas ofrecían textos religiosos de forma gratuita, algunas empresas emprendedoras pusieron a la venta heart-shield bibles o «escudos del corazón»: biblias recubiertas de acero bañado en oro que cabían en el bolsillo del pecho de los uniformes de los soldados. Éstas fueron comercializadas como objetos para desviar balas y esquirlas, salvando de este modo vidas, y se convirtieron en populares regalos para las tropas.  
  • Al interior de las tapas de los volúmenes de las Sagradas Escrituras se solía incluir un mensaje del presidente Roosevelt en el que recomendaba a las tropas leer el «Libro Sagrado» para hallar «palabras de sabiduría, consejo e inspiración» durante la guerra.
  • Este afiche muestra a un soldado apostado en algún lugar del escenario de operaciones del Pacífico, donde la moral del ejército estadounidense era la más baja. Debido a la necesidad constante de reponer suministros militares esenciales como armamento, alimentos y medicinas, los artículos recreativos no eran una prioridad para los buques de guerra. Por ello, los materiales de lectura más solicitados debían enviarse a las tropas a través del Servicio Postal del Ejército de los EE. UU.

Afiche con la ilustración de hombres uniformados arrojando libros a una hoguera, con un libro monumental detrás de ellos.

Books Are Weapons in the War of Ideas, 1943

S. Broder (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • En la víspera del décimo aniversario de la quema nazi de libros en mayo de 1933, este afiche fue exhibido por todos los Estados Unidos. La imagen muestra un libro del tamaño de un rascacielos rodeado de hogueras mientras unas figuras miniatura, algunas con suásticas en los brazos, arrojan libros al fuego. El libro de gran tamaño, sin embargo, permanece intacto.
  • La ornamentada cubierta del enorme libro lleva un fragmento de la declaración del presidente Roosevelt ante la American Booksellers Association (una asociación de librerías independientes) en mayo de 1942: «Ningún hombre ni ninguna fuerza puede arrebatar al mundo los libros que encarnan la lucha eterna del hombre contra la tiranía. En esta guerra, lo sabemos, los libros son armas».
  • El lema «los libros son armas en la guerra de las ideas» fue utilizado por el Council on Books in Wartime (Consejo de Libros en Tiempos de Guerra), una organización sin fines de lucro formada por editoriales estadounidenses que se juntaron para difundir la importancia de los libros y la libertad de leer.
  • Uno de los principales proyectos del consejo consistió en la distribución de más de 122 millones de libros de bolsillo a las tropas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando el Ejército estadounidense invadió Normandía en junio de 1944 y emprendió la liberación de Europa, sus efectivos llevaban en los bolsillos docenas de títulos prohibidos por el régimen nazi. Esto sirvió para reintroducir poco a poco libros e ideas prohibidos en los territorios que por años habían sufrido la ocupación nazi.

Afiche de una fotografía en blanco y negro de una gran multitud de personas haciendo el saludo nazi.

The Nazis Burned These Books, 1943

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • Este afiche incorpora una fotografía de la quema pública de libros bajo el Partido Nazi en Berlín, Alemania, el 10 de mayo de 1933; en ella, la gente hace el saludo nazi mientras los libros arden frente a la multitud. Bajo producción de la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos (OWI, por sus siglas en inglés), el texto que lo acompaña contrapone la destrucción alemana de libros con la libertad democrática de la lectura en los Estados Unidos.
  • A partir de 1933, Alemania crearía listas de títulos, autores y editoriales prohibidos, dando lugar a la confiscación y destrucción de libros que incluían ideas e información consideradas hostiles hacia la ideología nazi. En lugar de fomentar el debate y el libre pensamiento, el régimen nazi limitó el flujo de información para crear la apariencia de un sistema de creencias único y uniforme. 
  • Ernest Hemingway, John Steinbeck, Carl Sandburg, Helen Keller y Dorothy Thompson fueron entre las y los escritores estadounidenses prohibidos inicialmente en Alemania. Cuando los Estados Unidos se incorporó a la guerra, cualquier libro de autoría estadounidense también fue vedado.
  • Como signo de protesta ante la prohibición y quema de libros del régimen nazi, se incentivó a la población estadounidense a leer y a poner en práctica las libertades denegadas bajo la ocupación nazi. Las bibliotecas y librerías en los EE. UU. colocaron visiblemente en sus escaparates aquellos libros que habían sido prohibidos en Alemania, instando a la población leerlos para contrarrestar los esfuerzos alemanes de sacarlos de circulación.

Afiche de un libro con las páginas abiertas y texto visible en ellas, frente a un gran edificio de color rojo y negro.

In a War-Torn World, Let Good Books Help YOU, c. 1942

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • Saturday Review of Literature fue una destacada revista literaria publicada en los Estados Unidos para realzar la importancia de la palabra escrita durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de sus artículos analizaban las formas en que la Alemania nazi había convertido los libros y las ideas en armas y cómo la población estadounidense podía desmantelar la propaganda enemiga y luchar contra la opresión al leer y mantenerse informada.
  • Este afiche pone énfasis en el rol de la lectura en la vida de las personas al proporcionarles con información, entretenimiento, inspiración, nuevas perspectivas y fuerza. También promueve a la revista como una autoridad en determinar cuáles eran «buenos libros».
  • El editor de Saturday Review of Literature, Norman Cousins, fue parte de la junta directiva de la iniciativa Victory Book Campaign, junto con la primera dama Eleanor Roosevelt. Colaboraron para realzar el significado vital de los libros durante la guerra, tanto en las páginas de la revista como animando a la población donar sus libros para las tropas.

Afiche de un libro con las páginas abiertas y texto visible en ellas, sobre un fondo azul.

Help Your Library Win a Prize, 1944

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • Las bibliotecas públicas y su personal no solo contribuyeron a fomentar la solidaridad nacional en tiempos de guerra mediante la recolecta de libros para donarlos a miembros del ejército, sino que también lograron generar conciencia en la sociedad civil sobre cómo apoyar a las fuerzas en el frente con, por ejemplo, la compra de bonos de guerra. 
  • Las bibliotecas públicas podían participar voluntariamente en la venta de bonos de guerra en representación del Gobierno. Las que vendían más bonos recibían premios como las ilustraciones originales de libros, libros con dedicatorias y otros artículos literarios para el deleite del público en general.
  • El año 1943 marcaría el fin de la Victory Book Campaign; no obstante, la campaña de bonos de guerra daría la oportunidad a las bibliotecas de solidarizarse con las tropas —y lo hicieron con entusiasmo. Este afiche, que también fue publicado en los periódicos, fue utilizado por bibliotecas de todos los Estados Unidos para promover su participación en el recaudo de los bonos de guerra.

Afiche de una mano sosteniendo un libro abierto con el rostro de un soldado sobre un fondo azul en la página de la izquierda y rayas rojas y blancas en la derecha.

Give Good Books, 1943

Irving Spellens (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • En enero de 1943 se reanudó la Victory Book Campaign con este afiche de un libro de colores patrióticos como símbolo de la bandera de los Estados Unidos. Afiches como éste lograron persuadir a la población que donara más de 8 millones de libros para las tropas aquel año.
  • La solitaria estrella blanca situada a la izquierda del libro abierto probablemente hace referencia a un símbolo de identificación que los vehículos estadounidenses solían usar en las zonas de guerra, destacando así la conexión entre los libros y la libertad de información como uno de los principales valores de las fuerzas Aliadas.
  • El Ejército de los Estados Unidos distribuyó más libros a sus tropas que cualquier otra nación durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando las tropas estadounidenses combatían junto a otros ejércitos Aliados, a menudo se veían inundadas de solicitudes de libros, especialmente de soldados británicos y australianos con quienes compartían el mismo idioma. La política no oficial era leer un libro y pasárselo a la siguiente persona. Como resultado, los libros suministrados por el Gobierno de los Estados Unidos ayudaron a difundir valores arraigados en la nación —como la libertad de expresión, la libertad personal, el libre albedrío y la democracia— entre los ejércitos de otras naciones.
  • Aquí se solicita donaciones de «buenos libros» (good books) para evitar que la gente haga una «limpieza de su ático» y done libros que pocos soldados querrían leer —como Equestrianism for Women (Equitación para mujeres) y Crawford County, Minnesota (El condado de Crawford, Minnesota), ambos donados a la campaña. Debido a una inevitable diversidad de intereses y diferentes niveles de educación entre los miembros del Ejército, que podía ser entre una educación de cuarto grado hasta universitaria, la Victory Book Campaign simplemente pedía a la sociedad civil donar su material favorito de lectura.

Afiche con cuatro libros blancos abiertos con la ilustración de rostros de hombres uniformados sobre ellos.

Leave Books Here, 1942

Charles Buckles Falls (1874–1960)

Colección privada, N.Y.C.

  • En enero de 1942, bibliotecas en todos los Estados Unidos lanzaron la Victory Book Campaign: la recolecta más grande de libros en la historia del país. Debido a que el Ejército no tenía presupuesto para comprar libros para las tropas, se le pidió a la sociedad civil que donara sus libros favoritos para suplir los libreros de los campamentos de entrenamiento militar en el territorio nacional.
  • La Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos colaboró con la Cruz Roja y las Organizaciones de Servicios Unidos (USO, por sus siglas en inglés) para organizar la Victory Book Campaign, con sede en el Empire State Building de Nueva York.
  • Se colocaron puntos de entrega en múltiples localidades: en tiendas de abarrotes, bibliotecas, estaciones de tren, oficinas, salas de cine, en buses y tranvías, así como en las escuelas. Se utilizaba este tipo de afiches en los sitios de entrega para atraer la atención del público y resaltar que todas las ramas del Ejército se beneficiaban de este tipo de esfuerzo.
  • Para mayo de 1942, la población había donado más de 10 millones de libros que fueron distribuidos en las instalaciones de entrenamiento militar de todo el país. En ciertos puertos de embarcación las tropas podían encontrar grandes cajas llenas de material de lectura del que podían disponer para su largo viaje de semanas al extranjero.

Afiche con la ilustración del perfil de tres hombres uniformados mirando hacia la parte superior izquierda con una hilera de libros detrás de sí.

Give Your Good Books to Our Fighting Men, 1943

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • En 1943 la población estadounidense se vio abrumada por una interminable avalancha de campañas para la recaudación de recursos y donaciones como el papel, el aluminio, el caucho y otros residuos domésticos destinados a apoyar el frente de guerra. La invitación a donar libros fue eclipsada por este aluvión de solicitudes y los suministros pronto escasearon. 
  • Este afiche busca demostrar cómo los jóvenes en el servicio militar recibían las donaciones con entusiasmo, mediante libros que literalmente caen en cascada de las manos de las personas donantes, en la esquina superior izquierda, hacia una hilera de soldados agradecidos que representan diferentes ramas del Ejército, en la esquina inferior derecha. Este diseño sugiere que existía una conexión directa entre la acción de donar libros y una mejor vida para los combatientes estadounidenses.
  • Para fomentar las donaciones de ejemplares populares y de alta calidad, libros que las tropas podían verdaderamente disfrutar, este afiche aconseja que «los mejores libros para donar son aquellos que le gustaría conservar». Desafortunadamente, las donaciones continuaron siendo predominantemente de títulos poco deseables y al final del año la Victory Book Campaign se dio por terminada.

Afiche de un hombre y una mujer leyendo, sentados en dos sillones, mientras un niño yace en el suelo con un libro.

U.S. War Bonds & Stamps, 1942

Dorothy Enid Edson (1899–1989)

Colección privada, N.Y.C.

  • Conocida sobre todo por haber creado Old Spice, Shulton era una empresa de artículos de tocador que colaboró con el Departamento del Tesoro de los EE. UU. para crear una serie de afiches sobre los bonos de guerra. Aquí, la diseñadora residente de Shulton, Dorothy Enid Edson, que solía crear diseños al estilo «americano» para los empaques de la empresa, representa a una «clásica» familia estadounidense leyendo en casa.  
  • Esta imagen tenía como objetivo destacar la «extraordinaria libertad de América», donde todos los hombres, mujeres y menores de edad podían leer lo que quisiesen, en marcado contraste con los territorios ocupados bajo el régimen nazi, donde no existía la libre circulación de información ni de ideas. 
  • Otros afiches de esta serie celebraban la libertad de «criar a nuestros hijos», rendir culto y «enseñar la verdad» en las escuelas, sin la intervención ni la supervisión del Gobierno. Estos afiches fueron colgados en negocios en todos los Estados Unidos para incentivar la compra de bonos y sellos de ahorro de guerra (apoyando de esta manera la causa bélica financieramente), con la que podían valorar y ejercer sus libertades democráticas. 
  • El texto en la esquina inferior derecha indica que la imagen de Edson proviene de un «Victory Fan» (abanico de la victoria) que se solía regalar con la compra de algunos productos marca «Early American» de Shulton. Los abanicos eran uno de los muchos artículos decorativos y de bajo costo que incentivaban a la población comprar alguna cosa para apoyar el esfuerzo bélico.

Afiche de la pintura de un soldado sosteniendo un libro con una fila de prisioneros de guerra sentados detrás de él.

War Prisoners Aid, c. 1945

Bruce Moore (1905–80)

Colección privada, N.Y.C.

  • Durante la Segunda Guerra Mundial, la sede internacional de la YMCA en Ginebra recibiría permiso para distribuir libros y otros artículos recreativos a los prisioneros de guerra (PDG) mediante un acuerdo con varios países en el que estaba incluida Alemania. Al amparo de este acuerdo, la YMCA pudo atender las necesidades de los prisioneros de todas las naciones, como los PDG alemanes en los Estados Unidos y los PDG estadounidenses en Alemania. Los prisioneros apreciaban mucho los libros ya que cada título les brindaba horas de distracción en una situación de constante incertidumbre y aburrimiento. 
  • Como resultado de la prohibición nazi de ciertas obras, los libros que se enviaban a los campos alemanes de prisioneros de guerra de países Aliados estaban sujetos a severas restricciones. Libros con información sobre navegación, meteorología, química, geografía, las fuerzas armadas, la radio, inventos, política, propaganda o espionaje, así como cualquier ejemplar de autores judíos (incluido Albert Einstein), estaban prohibidos. Los guardias alemanes de los campos de prisioneros de las tropas Aliadas revisaban todas las cajas de la YMCA y retiraban cualquier artículo prohibido que se hubiera incluido por error. 
  • Los paquetes que se enviaban a los campos de prisioneros de guerra también estaban sujetos a restricciones de tamaño y peso. Siempre que era posible, la YMCA enviaba libros de bolsillo en lugar de voluminosos libros de tapa dura para maximizar el número de libros y horas de entretenimiento que estos podían proporcionar.

Afiche de una pequeña estantería con libros varios y un texto debajo sobre un fondo azul.

Savings Are Like the Best Books, c. 1940

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • El National Savings Committee (Comité Nacional del Ahorro) en Londres se encargó de la producción de este afiche que usa el recurso de la analogía literaria para disuadir a la población británica de ahorrar dinero durante la guerra —cuando el racionamiento estaba aún en vigor— para incrementar sus finanzas con la acumulación de intereses. Unos pocos afiches en Gran Bretaña y en los Estados Unidos de este periodo también buscaron discurrir similitudes entre los libros y el beneficio financiero al hacer notar que tanto el dinero como las ideas adquieren más valor con el tiempo.
  • La industria editorial de Gran Bretaña sufrió un duro golpe durante la guerra relámpago o el Blitzkrieg de 1940, cuando un gran número de imprentas, librerías y editoriales fueron bombardeadas y millones de libros fueron destruidos. La pérdida de infraestructura, sumada a la escasez de papel, hizo que los libros se convirtieran en algo muy preciado.
  • Entre la lista de los «mejores libros» en este afiche se puede observar Peter Pan, Tom Sawyer, Mujercitas, Alicia en el país de las maravillas, Shakespeare, El libro de la selva y la Santa Biblia.

Afiche de una águila geométrica azul marino con las alas extendidas, sosteniendo con sus garras una pila de libros.

Give More Good Books, 1943

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • Este afiche de la Victory Book Campaign de 1943 muestra una interpretación modernista de un águila calva, el emblema nacional de los Estados Unidos, llevando en sus garras un paquete de libros a las tropas en el extranjero. Sus alas estilizadas en forma de «V» para denotar la Victoria era una imagen que se utilizaba frecuentemente en aquel entonces.
  • Muchos de los libros donados estaban en mal estado o no eran adecuados (como los de cocina o infantiles ilustrados), lo que finalmente llevaría a la suspensión de la Victory Book Campaign a finales de 1943. Por ello, para sustituir esta iniciativa, las editoriales en los Estados Unidos comenzaron a producir libros miniatura de bolsillo bajo el sello Armed Services Editions (ASE) para el Ejército. De un tamaño ideal para llevarlos en los bolsillos de la chaqueta o del pantalón militar, estos diminutos libros incluían títulos populares; cada mes se destinaban millones de ejemplares a las tropas estacionadas en el exterior.
  • La Victory Book Campaign había movilizado y educado a la población civil sobre la importancia de los libros para la democracia, sin embargo, era mucho más fácil controlar la calidad y cantidad de libros que se enviaba a las tropas cuando el Ejército Nacional empezó a comprar ediciones ASE.
  • Regularmente las editoriales vendían al Ejército ediciones ASE a unos cinco centavos y medio de dólar por libro (aproximadamente 93 centavos actuales). Ya que la entrega de libros a las tropas no tenía costo adicional, las editoriales evitaron promocionar el programa por temor a que su clientela habitual protestara por tener que pagar varios dólares por un libro que, bajo el sello ASE, costaba apenas unos pocos centavos producir y además, resultaban gratis para los soldados.

Afiche con la ilustración de tres hombres de pie leyendo juntos una revista de gran tamaño abierta.

Magazines for Our Fighting Men, c. 1945

Diseño: Desconocido

Colección privada, N.Y.C.

  • En Canadá, una organización voluntaria llamada United War Services (Servicios Unificados para la Guerra) se dedicó a adquirir material recreativo para las tropas canadienses. Contaba con un Comité de Libros y Revistas encargado de solicitar a la población canadiense donaciones de libros, revistas, naipes y juegos.    
  • Este afiche insta a la sociedad civil donar revistas en buen estado para las tropas canadienses. En 1943, se llegarían a recolectar 100 000 revistas por semana en Canadá para las fuerzas armadas.
  • Durante la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos también recolectaron revistas para los soldados en el extranjero, pero la lentitud del envío y el mal estado de muchas de estas publicaciones de segunda mano acabaron por hacer fracasar el programa.
  • Conscientes de que la mayoría de hombres jóvenes tenían ya el hábito de leer revistas y cómics antes de alistarse, el Ejército de los Estados Unidos compró revistas para las tropas durante la Segunda Guerra Mundial en lugar de solicitar donaciones.

Afiche con dos estantes llenos de libros multicolores con caritas sonrientes en el lomo sobre un fondo color marrón claro.

Please Don’t Keep Idle Books, c. 1945

Fougasse (Cyril Kenneth Bird, 1887–1965)

Colección privada, N.Y.C.

  • Fougasse fue un dibujante e ilustrador de fama que diseñó docenas de afiches para el Gobierno británico con el fin de instruir a la ciudadanía sobre el comportamiento adecuado durante la Segunda Guerra Mundial. Realizaría varios afiches para las Bibliotecas Navales Reales de Guerra, en los que se solicitaba donaciones en efectivo para comprar materiales de lectura, así como donaciones directas de libros y revistas.
  • Este afiche promueve la necesidad de libros en todas las ramas del Ejército británico. Si bien los libros de tapa dura, como los que se muestran aquí, hubiesen sido útiles en la biblioteca de un buque, por ejemplo, donde miembros de la Marina no hubiesen tenido que cargarlos a cuestas por millas, los soldados de infantería preferían los de tapa blanda. Un soldado en el campo de batalla podía llevar un libro donado para leerlo en horas de baja actividad; no tenían obligación de devolverlo y al intercambiarlo, los soldados mantenían los libros en circulación.
  • Este colorido afiche pide a la población británica donar libros y revistas para las fuerzas armadas en puntos de donación en la oficina de Correos. Los libros se recogían periódicamente de estos lugares para ser clasificados y distribuidos según las necesidades concretas de cada una de las ramas del Ejército. Era posible ver afiches como éste colgados en las oficinas de Correos de todo el Reino Unido, así como en otros edificios del Gobierno abiertos al público.

Afiche de un marinero uniformado sonriendo, sosteniendo libros con varios libros multicolor a sus espaldas.

Matthew Murphey (1898–1943)

Colección privada, N.Y.C.

  • Las Fuerzas Navales y Armadas de los Estados Unidos brindaron numerosas oportunidades para que las tropas adquirieran habilidades y una educación que les permitiera ascender de rango o mejorar sus perspectivas laborales después de la guerra. Este afiche destaca algunos de los cursos de capacitación especializada que ofrecía la Marina, entre otros, el de Quartermaster (navegante), Signalman (que utiliza banderas y luces para comunicarse), Yeoman (trabajador administrativo) y Machinist’s Mate (ingeniero).
  • Este es uno de los muchos afiches diseñados por Matthew Murphey, quien se unió a la Marina de los Estados Unidos antes de la Primera Guerra Mundial para ser finalmente transferido a la sede nacional de la Oficina de Reclutamiento de la Fuerza Naval en Nueva York. Murió en 1943 al servicio de la Marina, frente a las costas de Inglaterra.
  • La amplia difusión durante la guerra de libros y oportunidades educativas para las tropas influyó parcialmente en la enorme popularidad de la Ley de Reajuste de Militares de 1944 (mejor conocida en inglés como «G.I. Bill») y su promesa de capacitación profesional o educación gratuitas para cualquier veterano con licenciamiento honorable. Previa a la guerra, la mayoría de estos hombres no leían libros por iniciativa propia (preferían las revistas), sin embargo, tras haber adquirido el hábito de la lectura durante la guerra y la autoconfianza en el aprendizaje, gracias a esta ley 7,8 millones de veteranos cursaron estudios o capacitación tras su licenciamiento militar, 2,2 millones de ellos en universidades para obtener su licenciatura.

Afiche con una hilera de los rostros de varios hombres y mujeres sonriendo, vestidos de uniforme.

Keep Them Happy with Your Books, c. 1945  

Bernard Leahy (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • Este afiche, elaborado por la Waste Paper Merchants Association (Asociación de Comerciantes de Papel Usado) de Inglaterra, fue creado para incentivar la donación de libros para militares y civiles, ya que el racionamiento de papel y las condiciones bélicas dificultaban poder imprimir suficientes ejemplares.
  • En diciembre de 1940, la calle Paternoster en Londres, donde se encontraban la mayoría de las editoriales británicas, fue bombardeada intensamente por aviones alemanes; millones de libros ardieron bajo el fuego y las oficinas de muchas editoriales quedaron destruidas. La capacidad del país para producir libros se vio gravemente mermada. 
  • El racionamiento del papel permanecería en vigor en Gran Bretaña hasta 1949, por lo que muchas editoriales británicas imprimieron los libros de bolsillo más pequeños jamás vendidos (de tan solo 10 x 13 cm) para aprovechar el máximo número de ejemplares que podían imprimir con un suministro de papel limitado. Algunos costaban tan solo dos chelines (aproximadamente 80 centavos de dólar en 1945; menos que un libro de tapa dura en los Estados Unidos, pero más que el costo estándar de 25 centavos por un libro de tapa blanda).   
  • La demanda de libros era extremadamente alta en Gran Bretaña, especialmente dada la frecuencia de los bombardeos aéreos en 1940 y 1941. La lectura ofrecía a la población una distracción de la tensión y el terror en los sótanos, refugios y otros lugares subterráneos donde se veía obligada a buscar refugio durante los ataques. 
  • También se recolectaron libros para amenizar las horas libres de quienes trabajaban, a menudo durante largas y peligrosas jornadas, en las fábricas de municiones.

Afiche en el que aparecen tres hombres uniformados sosteniendo un libro muy grande abierto, con libros rojos al fondo en forma de cruz.

We Read, 1942

J.R. (fechas desconocidas)

Colección privada, N.Y.C.

  • En un esfuerzo por recolectar 10 millones de libros para mediados de 1942, la Victory Book Campaign anunció una «Semana de recolección» especial entre el 13 y el 20 de abril. Para apoyar estos esfuerzos, el presidente Roosevelt declaró el 17 de abril de 1942 como el Día del Libro de la Victoria, animando personalmente a la población estadounidense a donar tantos libros como les fuera posible.
  • Este afiche fue creado específicamente para la sede en Nueva York y probablemente fue colgado en edificios públicos de todo el estado. Se prestó especial atención a Nueva York porque tenía la cuota más alta de donaciones (2 millones de libros, es decir, 20 % del objetivo a nivel nacional) y porque la oficina central de la Victory Book Campaign se encontraba en el Empire State Building. 
  • Este diseño pictórico muestra a soldados de las tres ramas del Ejército parados frente a libros apilados en forma de una cruz roja, haciendo referencia a cómo la Cruz Roja estadounidense también apoyaba a la campaña. Los libros fueron una importante fuente de entretenimiento para los soldados heridos en los hospitales.

Afiche del dibujo de una casa sin pared, donde se puede observar su colorido interior compuesto por cuatro habitaciones y un ático.

Home Was Never Like This, 1943

William E. Exton, Jr. (1906–88)

Colección privada, N.Y.C.

  • Este afiche fue publicado por el Bureau of Naval Personnel (Departamento del Personal Naval) para ayudar a los nuevos reclutas de la Marina de los Estados Unidos a familiarizarse con las diferentes partes de un navío. El diseño compara un buque de guerra con una casa tradicional en los Estados Unidos: describe a las escaleras de la entrada como «la pasarela», las ventanas como «los portillos», la cama como «un coy» y la cocina como «la galera». Esta imagen posiblemente solo la vieron los marinos, ya que no fue distribuida en lugares públicos.
  • La frase «home was never like this» (tu hogar nunca fue así) aparece en muchos objetos creados en los Estados Unidos como recuerdos de la Segunda Guerra Mundial, desde postales hasta afiches. Era una forma irónica de reconocer las condiciones exóticas o duras a las que debían enfrentarse las tropas en el extranjero y que aquí sirve para enfatizar las similitudes entre la distribución de un barco y la de una casa tradicional.
  • En una divertida viñeta del afiche vemos a una mujer descansando en una hamaca en la «obra muerta», con un libro en la mano para hacer referencia a la costumbre de los marineros de relajarse al aire libre y leer en la cubierta superior del barco. La mayoría de buques tenían una biblioteca permanente y la Marina recibía revistas y libros de bolsillo de ediciones bajo el sello Armed Services Editions para sus hombres.
  • Leer era una actividad especialmente popular en la Marina. A menudo transcurrían largos periodos de tiempo entre un combate y otro y los libros proporcionaban horas de distracción y entretenimiento.

Un exlibris con la imagen de un soldado uniformado cargando una alta pila de libros en sus brazos.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

Sello postal con la imagen de un soldado leyendo un libro con texto en alemán en la parte superior e inferior.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

Folleto en blanco y negro con texto en rojo de un hombre sosteniendo un libro en primer plano, con una hilera de prisioneros de guerra detrás de él.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

La página de un libro con un soldado de pie uniformado cargando una alta pila de libros en sus brazos.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

Folleto horizontal con ilustraciones de soldados leyendo y escribiendo, a la izquierda, y un hombre con traje, a la derecha.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

Un sello postal con un águila azul con las alas extendidas, sosteniendo con sus garras una pequeña pila de libros.

Various Ephemera, 1917–45 

Colección privada, N.Y.C.

  • Algunas de las imágenes de los afiches aquí exhibidos tenían una doble función y fueron readaptadas para exlibris (etiquetas decorativas que se pegan en el interior de las cubiertas de los libros), folletos y sellos postales coleccionables. Con o sin palabras, estas ilustraciones transmitían la importancia de los libros en tiempos de guerra. 
  • El folleto «War Prisoners Aid» (Ayuda humanitaria para los prisioneros de guerra) proporciona información a las familias sobre los esfuerzos que la YMCA hacía para suministrar artículos recreativos a los prisioneros de guerra. 
  • El folleto «Earn While You Learn» (Gane [un salario] mientras aprende) tenía como objetivo atraer a más reclutas al anunciar las oportunidades educativas disponibles en el Ejército.
  • Algunas de las imágenes y textos de estos objetos son idénticos a los de sus afiches correspondientes. En otros, la combinación de colores o el texto circundante fueron adaptados con un propósito ligeramente diferente. ¿Puede hacer la conexión de estos objetos con sus respectivos afiches?

Curadora

Molly Manning

 

Diseñadora

Ola Baldych

 

Registradora

Melanie Papathomas

 

Producción

Mihoshi Fukushima Clark

 

Instalación

John F. Lynch

 

Agradecimientos especiales

Andrew Pettegree, University of St Andrews

Christopher P. Loss, historiador

Catherine Bindman, edición

Randy Ferreiro, corrección de estilo

Sofía Jarrín, traducción al español

 

Citas:

«Done aquel libro que le causa una punzada separarse de él, como si se despidiera de un viejo amigo». —Solicitud de donación de libros para la Primera Guerra Mundial

«Si alguien piensa que las fuerzas armadas no quieren libros, he creado un lindo infierno especial para esa persona y puedo ordenar a un escuadrón fuertemente armado de compañeros para que la coloquen allí». —Soldado anónimo

«Nos intriga todos los libros prohibidos… ¿a quién no?». —Soldado anónimo

«Tirar [un libro] a la basura es como golpear a tu abuela». —Soldado anónimo

«Cada vez que nos llegan [libros], son tan bienvenidos como una carta de la familia. Tan populares como las chicas de calendario…». —Private WRW and the Gang